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1 de enero de 2017

Haz tus maletas sin saber donde te mudas, pero no te olvides de tu pasaporte europeo

"HAZ TUS MALETAS SIN SABER DONDE TE MUDAS" (en francés o en español) por PAUL B. PRECIADO es la lista de "Propósitos para el 2017" de una persona über-privilegiada que por adelantado PUEDE todo esto solo por desearlo.
Cuando esto viene de una de las personas que son reconocidas como una de las supuestas "cimas" del pensamiento queer en español y/o en francés, no veo la diferencia con la mierda que produce el movimiento mainstream LGBT: un texto completamente inconsciente que presenta/representa un inexistente y excluyente "nosotres" desde esa cima. Y va a ser que se trata de una cima literal, ya que no se puede mirar más hacia abajo que lo hace este texto mientras fantasea con pseudo-provocar instrumentalizando realidades que se nos suponen tan lejanas como una prisión, un campo de refugiades, un asilo de ancianes, un matadero, un psiquiátrico, un padre trabajador sexual..., y que lo único que dejan claro es que son lejanas para el hipster-queer Paul.

Preciado psuedo-sueña aquí con la vida obligada de les personas sin sus privilegios, pero entretejida con esa vida solo posible con esos mismos privilegios. 

Ya lo dice el título: "Haz tus maletas sin saber donde te mudas", "pasa una frontera"... pero no te olvides de tu pasaporte europeo, ni de ese dinero que tenías en esa cuenta de banco que has cerrado antes de destruir tu tarjeta de crédito. 

Lo que ahora me hace falta entender es por qué en mi muro de Facebook solo leo reproducciones y ovaciones sobre este texto. O tal vez lo entiendo, y por eso NI QUEER NI LGBT!



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9 de junio de 2013

Privilegio de poder elegir tus batallas

Elige tus batallas. No todo merece que reacciones.
En los últimos años no hago más que escuchar la misma cantinela: "No se puede luchar contra todas las injusticias", "hay que elegir tus batallas con cuidado", "es preferible centrarse en un tema y luchar por ese", "querer arreglar todo es demasiado duro", "hay que empezar por lo más importante", "hay que empezar por lo que la sociedad está preparada para cambiar"… Es decir, una constante invitación a dejar de luchar en batallas que mi interlocutore considera poco importantes, perdidas, imposibles o innecesarias. Y bajo ello cada vez una acusación que apunta en la misma dirección "si estás tan mal/si te pasan esas cosas/si recibes tantos palos es porque no eliges de forma inteligente". En general, como toda la gente con la que me relaciono es activista en algún tema, esta acusación por supuesto va unida al "yo es que elijo mis batallas". Una declaración de poder destinada sin duda a ponerme en mi sitio: debajo de elles.

Y es cierto, tal vez estoy debajo de elles, pero no necesariamente por el motivo que ven. No necesariamente porque decida luchar contra lo que entienden como causas perdidas. No porque nunca tenga la inteligencia para analizar el "extremismo" de mis posiciones o lo difícil de mis tareas. Sino porque tal y como lo veo la mayor parte del tiempo no tengo el privilegio de elegir las batallas en las que me encuentro.

Poder elegir qué causas son importantes para defender y qué causas pueden ser aparcadas o abandonadas para que otres las luchen, es en efecto un privilegio que a menudo no se tiene cuando su falta hace que seas tú ele que necesita un cambio. Cuando la necesidad de cambio viene desde dentro y desde abajo. Hablar desde una posición feminista cuando se es leíde como mujer lo provoca la necesidad, no el lujo de querer "parecer abierto", como evidentemente es la motivación que lleva a muchos de esos hombres cisgénero que creen que el feminismo es "luchar por los derechos de las mujeres", a afirmar posiciones que abogan por la pérdida (parcial) de su posición en lo alto de la jerarquía. Levantarse contra las agresiones motivadas por el cisexismo es algo que una mujer trans* hace no por decisión propia, sino como consecuencia de vivir en su carne de forma constante la falta de privilegios que eses otres que "no eligen esa batalla" tienen. La carencia del privilegio que supone tener derechos como trabajadore protegidos por la ley es algo que ele trabajadore sexual no puedes aparcar después de no haber recibido el dinero acordado tras realizar su servicio, por mucho que en sus prioridades no esté hacer activismo. Y un largo etcétera.

Escuchar esto de forma tan insistente solo me dice que la gente tiene muchos privilegios de los que no es consciente, muy poca capacidad de análisis de sus propias posiciones en las jerarquías de poder y sobre todo muy poca solidaridad en los temas que (creen que) no les afectan personalmente.


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24 de abril de 2013

¿Qué cantidad de dinero es una bagatela?


60 coronas danesas, unos 8 euros. En una sociedad como la danesa en la que la mayoría tiene acceso fácil al dinero, es una cantidad insignificante. Es lo mismo que cuesta tomarse dos cervezas en un bar o comer un menú en un fast food. Pero, aunque no sea visible para quien desea estar ciegue, no todes pueden pagarse esas dos cervezas o esa hamburguesa con patatas. No todes pueden reunir el dinero el mes siguiente con la nueva nómina. No todes tienen trabajo o acceso a servicios sociales que les ayuden económicamente. No todes tienen una cuenta en el banco o dinero contante en el bolsillo. Elegir estar ciegue ante la importancia real de esas 60 coronas entendidas como nimias es problemático en cualquier situación, pero elegir estarlo y al mismo tiempo decir que se hace desde una posición queer es ridículo, trágico, insultante y una muestra más de aquello que mencionaba en esta entrada anterior sobre los dos niveles de queers.

Veo un anuncio de un grupo de terapia que especifica ser gratuito y que además explica el motivo: muchas personas queers no tienen los medios económicos para poder pagar por terapia y al mismo tiempo esa terapia es, según la explicación, algo muy necesario en la dura vida de una gran cantidad de queers. Viendo una oportunidad para acceder a algo que no me puedo permitir y leyendo el resto de la descripción (grupo inclusivo, para mujeres cis y personas trans* de cualquier orientación sexual, con una perspectiva queer), decido que le puedo dar una oportunidad y me apunto.

Comienza el grupo y de repente, una vez allí, ya no es gratuito, hay que pagar 20 coronas (como 3 euros) para el café y snacks, además de una donación voluntaria para el préstamo del local en el que la sesión tiene lugar. Me irrito pero no digo nada, pongo el dinero a regañadientes porque casi no lo tengo, y tomo un té que no deseo porque hace tanto frío en ese local sin calefacción en pleno invierno, que no encuentro otra forma de entrar en calor. Después no disfruto de la reunión en absoluto, ya que la cafeína me sienta mal y estoy preocupade por ese gasto innecesario que no me puedo permitir.

Segunda reunión y nueva tarifa: las 20 coronas ya no son suficientes para la compra de cafés, tés, panes y queso, por lo que ahora hay que poner 40 coronas. Por supuesto, además la donación para el local sigue en pie. A duras penas reúno el dinero necesario y pago por mi visita, que se suponía que iba a ser gratuita, y con ello pago por los cafés, leches, tés, panes y quesos que no puedo consumir, ya que como vegane no cafeínovora, no hay nada para mí.

Tercera reunión, nuevo local y, sorpresa sorpresa, nueva tarifa. Ahora tampoco es suficiente con las 40 coronas. Como hay menos participantes, hay que pagar 50 coronas además de una donación para comprar flores de regalo a les dueñes del nuevo local. Con ello, esta visita cuesta más dinero del que tengo, así que pongo 40 coronas y me voy frustrade pensando que antes de la próxima sesión tengo que decir algo.

La tarde anterior a la cuarta reunión llega un nuevo email diciendo que esta vez hay que pagar 40 coronas por los snacks más 20 coronas por las flores, por persona por sesión. Escribo un sms a las dos organizadoras del grupo explicando que no tengo 60 coronas y que por lo tanto, yo llevo mi propia comida y bebida, además de no querer contribuir a comprar flores por un local que yo no he elegido para que ellas puedan mantener el buen contacto con les propietaries. Además explico que me parece inapropiado que en una terapia gratuita se cobre y se cree un ambiente en el que no es posible oponerse porque, en el modo en el que es formulado, 60 coronas para la mayoría es una cantidad insignificante.

Pasan las horas sin respuesta y me acuesto. Por la mañana veo que tengo un email diciendo "gracias por tu email y hablamos en la reunión". Ya me huelo lo peor.

Llego a la reunión y lo primero que sucede es eso mismo que ya había escrito en el sms: se banaliza el hecho de que participar cuesta SOLO 60 coronas y se da por hecho que todo el mundo es capaz de pagar esa cantidad. Se explica sin pedirme permiso que yo me he quejado por email diciendo que no podía pagarlo y se le pide a les demás participantes que opinen si es justo o no pagar esas "insignificantes 60 coronas". Y así me toca aguantar una ronda por turnos en la que todes dicen que les parece bien y una cantidad pequeña, incluso cuando otra persona añade no poder pagar este mes y recibe como respuesta que puede pagar por transferencia el mes siguiente "igual que su compañera que tampoco pudo pagar la última vez" y que no está presente, a saber por qué. Curiosamente, ni esos comentarios hacen que comprendan que 60 coronas aparentemente es más que una nimiedad insignificante para algunas personas en el grupo. Llega mi turno y explico que la ronda es ridícula, que de nada sirve preguntar si a la gente le parece bien. Se vuelve a insistir en que son solo 60 coronas y cuando digo que no puedo pagarlo, se me dice que es una pena, pero que entonces no puedo participar. Otres participantes ofrecen pagar por mí y eso a las terapeutas les parece bien, con tal de que el dinero aparezca es igual de dónde proceda ni cómo se haya conseguido. Pero es una cuestión de principios. En un grupo que invita a personas sin medios económicos, no se pueden cambiar las reglas cuando ya tienes a las personas en el local. No se puede ridiculizar una cantidad, por pequeña que sea. No se puede decir desde una supuesta posición de izquierdas y queer que "vivimos en una sociedad capitalista" y que "yo como organizadore no soy responsable de que tú seas capaz de reunir el dinero". No se puede hablar de sí misme con un "yo tampoco soy rique porque no tengo una consulta en Strandvejen" (como si dijera La Moncloa) cuando alguien te dice que no puede pagar dinero en algo que es gratuito. No se puede hacer público el estatus económico de una persona sin obtener su permiso. No se puede apuntar con el dedo diciendo quién no tiene dinero para pagar y quién está creando un problema que ni siquiera existe porque la cantidad es una bagatela. No se puede pedir a les demás que cubran la parte "dele pobre". No se puede decir que "las cosas son así" cuando está en tu mano que no lo sean. No se puede obligar a la persona sin dinero a aparecer en la reunión cuando te ha dicho que no puede pagar y tú no quieres que se quede si no paga. No se puede humillar a alguien por no tener los mismos privilegios que tú.

Así pues, ¿cuál es el límite máximo, cuándo estamos hablando de una cantidad de dinero insignificante, cuándo es una nimiedad, una bagatela? En mi fantasía imaginaría que es si ese concepto fuera necesario, que ni siquiera lo creo, tendría que ser determinado por la persona con el menor poder económico en el grupo. Una cantidad nimia sería esa que ele más pobre puede pagar sin que le cueste ningún esfuerzo. Pero la realidad es muy diferente. En la sociedad en general una cantidad nimia es la que la clase media determina. En esta sociedad danesa, tanto la cantidad de gente perteneciente a esa clase media como la cantidad de dinero que es nímia, son más altas. No obstante, lo que a mí me resulta más escandaloso es que incluso en los grupos de izquierda, en los grupos que se creen incluyentes, en los grupos que dicen tener una perspectiva queer y/o crítica con las normas sociales, estas cantidades son las mismas. Porque en realidad esos grupos también están dominados por gente con privilegios de clase media y economías de nivel danés.


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17 de abril de 2013

Queers que cobran

Existe una diferencia enorme entre la experiencia de las personas que se agrupan bajo una identidad queer o un método de análisis queer/crítico con las normas. 

Por un lado están aquelles que por el hecho de ser/hacer queers reciben dinero. Son eses que tienen acceso a un trabajo remunerado en relación con sus intereses. Eses que tienen una apariencia física que les aporta estatus de queer del modo adecuado. Eses que tienen una educación y un lenguaje que les permite lucrarse de sus conocimientos sobre heteronormatividad, cishomonormatividad, pedagogía crítica y demás. Eses que cuentan con una red de contactos que les abre puertas en los sitios adecuados en lugar de cerrárselas. Eses que consiguen (porque probablemente lo tienen desde el inicio) un estatus social y económico que hace que sean escuchades. Eses que no formulan los aspectos más problemáticos, que no reaccionan de forma inaceptable, que aceptan una solución intermedia, que llegan a un compromiso porque "por algún lugar hay que empezar" o porque "es mejor este pequeño paso que satisface a unes cuantes que no hacer nada". Eses que tienen una comunidad queer a su alrededor... Son eses a les que a mí por momentos me dan ganas de identificar como "hipster queers". 

Por otro lado están aquelles que por el hecho de ser/hacer queers reciben palos, a menudo físicos y como mínimo verbales, psíquicos, sociales. Son eses que, debido a su aspecto físico no son capaces de conseguir un trabajo remunerado, y mucho menos un trabajo que tenga que ver con su condición de queers o sus intereses y conocimiento en areas relacionadas con sexualidad y género. Eses que construyen su identidad aparentemente del modo inadecuado y son castigades por ello tanto dentro como fuera del ambiente LGBTQI+. Eses que en lugar de crearse una lista de contactos dispuestes a ser utilizades para abrirles puertas, lo que van adquiriendo con el paso del tiempo es una siempre creciente lista de enemigues y lugares a los que no pueden acceder. Eses a les que se les lee una raza, una etnia, una cultura, un género, una religión, una clase social, un tipo de cuerpo, una edad, una capacidad física y/o mental, un nivel de educación, un lenguaje, una experiencia laboral, una situación familiar, un domicilio en un gueto o la falta del mismo, una higiene, un consumo de alguna sustancia no considerada aceptable... y esa lectura siempre conlleva una pérdida de estatus económico y social (que ya inicialmente probablemente era bajo) y por ello que no sean escuchades. Eses que con sus vidas, sus acciones, su presencia, su forma de comunicarse, su visión crítica intransigente, su mera existencia suponen un desafio a la existencia de les otres queers, una mancha en la comunidad LGBTQI+. Eses que al mismo tiempo son usades como ejemplo, tokenizados, abusades en nombre de la diversidad, de una perspectiva queer, de la dichosa apertura y representatividad, tanto por les miembres más mainstream de la comunidad LGBT+ como por les "queers" del primer grupo. Eses que están aislades, que no tienen comunidades que les apoyen o les incluyen, que se tienen que mover en ambientes en los que encuentran resistencia... Son eses que para mí encarnan en sus propios cuerpos las consecuencias de una identidad, subjetividad y/o método queers. 

Por supuesto que esta división no es estricta ni constante. Una persona puede moverse de una posición a otra una o varias veces a lo largo de su vida. Un grupo puede acceder a un estatus que inicialmente le era negado, o perderlo. Del mismo modo una persona  puede ser leída como pertenenciente al grupo inicial en algunos contextos y al segundo grupo en otros, igual que puede combinar en diferentes relaciones elementos de ambos grupos. No obstante, veo una clara tendencia a que las personas que pertenecen al segundo grupo por lo general no sean capaces de acceder a elementos del primero, y sus posiciones se vean cada vez más fijas en ser aquelles que reciben palos.

Por supuesto que también existen diferencias internas en ambos grupos. Entre les del primer grupo, para mí no hay duda de que algunes son queers como estilo de vida, igual que podrían haber sido hippies en los sesenta o yuppies en los ochenta, son eses queers sin política, sin análisis crítico, sin visión alguna de sus propios privilegios o de las consecuencias de sus acciones. Y luego están eses otres que hacen queer desde una posición que inicialmente es tan privilegiada que les permite elegir según su conveniencia los elementos y los momentos en los que deciden realizar sus luchas o mostrar sus identidades, subjetividades o ideas "queer", y solo por lo general en la forma y el nivel en el que lo desean, siendo por supuesto ciegues a una gran parte de sus privilegios y minimizando o negando el impacto negativo de muchas de sus acciones y su apropiación de experiencias que no les corresponden. Vamos, aquelles que hacen política desde lo alto, que por lo general excluye a les menos privilegiades. Aquelles que se dejan corromper por el sistema y sus propios privilegios, y que por lo general lo niegan.

Entre les del segundo grupo, también hay diferencias. Existen sin duda diferentes grados de marginación, isolación, acoso, discriminación, violencia. Existe una jerarquía entre los distintos elementos por los que se reciben esos palos. No es lo mismo no tener acceso a un trabajo que te guste que no tener acceso a una vivienda y tener que mear en la calle y oler desde lejos porque no puedes lavarte. Algunos elementos son más visibles que otros. Algunos elementos son más constantes que otros. Al mismo tiempo, existe también una clara diferencia entre les integrantes de este segundo grupo con conciencia de ser o hacer queer, y aquelles que ni siquiera saben que sus palos vienen también por ser o hacer queer. 

Sin duda, todas las personas que de algún modo viven, se identifican, actúan, son, piensan o lo que sea de forma no normativa dentro del espectro queer tienen experiencias en las que han sufrido queerfobia, homofobia, a menudo también transfobia, bifobia, intersexfobia y todas las demás formas de discriminación, desde sexismo hasta clasismo. Pero lo cierto es que me estoy cansando de ver que las únicas personas con voz dentro de la comunidad queer en realidad son las más privilegiadas, y las que por lo general viven todas estas fobias e ismos en un grado ínfimo en comparación con aquelles que no son visibles y en cuyo nombre se habla. 


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